Cada musher se plantea su tipo de entrenamiento basándose en  el tipo de competición al que quiere asistir, la capacidad de sus perros y las posibilidades que le ofrece su entorno, puesto que nunca es fácil encontrar los terrenos con el piso y  la longitud adecuados para practicar este deporte.
Si queremos participar en una competición de media distancia, los perros deben aprender a dosificar sus fuerzas para soportar las largas distancias que tendrán que recorrer. Por el contrario, si un musher decide acudir a competiciones sprint, debe inculcar a sus perros velocidad en tramos cortos. Esto parece sencillo en la teoría, pero en la práctica, hacer entender a un perro lo que debe hacer cuando  lo único que quiere el animal es correr, no es tarea fácil.

Es importante saber organizar correctamente el tiro. Cada perro debe ir colocado en la posición en la que mejor encaje con su carácter y sus características físicas. Los perros guía deben saber llevar la responsabilidad de dirigir el tiro según el musher les exija. Los perros rueda deben soportar buena parte de la carga que arrastre el tiro, por tanto, deben ser perros fuertes y constantes. Los que vayan en posiciones medias deberán mantener el ritmo de avance que los guías impriman al tiro y aportar fuerza para ayudar a sus compañeros a transportar la pesada carga. La posición de cada perro la elije el musher y, por tanto, debe conocer a  sus perros y saber cuales son adecuados para cada cometido. La estructuración del tiro es fundamental a la hora de competir, un error en el posicionamiento de los perros hace perder al equipo valiosos segundos durante la carrera, no olvidemos nunca que el mushing es un deporte en el que perros y musher deben trabajar en equipo.


En el caso de nuestro equipo, habitualmente competimos en carreras sprint por lo que entrenamos a nuestros perros fundamentalmente para que adquieran velocidad. Los entrenamientos varían a medida que la temporada avanza. Cuando el invierno empieza a asomar, el equipo galizamushing comienza sus entrenamientos. Al principio de la temporada, como las temperaturas diurnas no suelen ser lo suficientemente frías (menores a 10ºC) nos vemos obligados a entrenar por las noches o muy temprano de madrugada. Nuestro musher suele levantarse a las cinco de la mañana para realizar sus entrenamientos antes de empezar su guardia a las nueve, o bien espera a la medianoche para tener la temperatura deseada. Todo para que nuestros perros alcancen la resistencia física adecuada para soportar la segunda parte del entrenamiento de la temporada. Cuando los perros ya tienen fondo físico, comenzamos a entrenar velocidad. Es el momento de analizar la capacidad de cada perro y situarlo en su lugar adecuado en nuestro tiro.



Los Alaskan Hound son perros que lo dan todo, por ello debemos tener cuidado extremo de no dejarlos llegar al límite, pues una vez se rebasa este, no hay vuelta atrás y el perro no vuelve a ser el mismo. Es nuestra obligación velar porque los perros no vivan experiencias negativas durante las sesiones de entrenamiento. Un perro que lo ha pasado mal durante un entrenamiento nunca volverá a correr igual. Asimismo, debemos ser extremadamente cautelosos con todas nuestras acciones. Nuestro comportamiento con los perros y durante el tiempo que compartimos con ellos es fundamental en su desarrollo deportivo. Hay todo un mundo de acciones y comportamientos que musher y handler deben aprender a dominar para sacar el mejor partido de sus animales. Cuando la temporada está en su punto medio, el equipo debe estar perfectamente estructurado y coordinado. En este punto son necesarias series de dos o más entrenamientos diarios si queremos superar a nuestros rivales.



Cabe destacar que nuestros perros son indicados para media distancia, lo cual es una dificultad añadida en nuestro empeño. En competiciones sprint nos enfrentamos a rivales que llevan perros de patas mucho más largas que los nuestros y mucho más fuertes,  pensados exclusivamente para recorrer a una velocidad elevada distancias cortas (5-10 Km).